Bitácora del parque

Bitácora

Crónicas, lecturas históricas y guías de campo del Bosque de Tlalpan — Parque Nacional sobre el Pedregal. Toda información citada con su fuente.

Geología 26 de abril, 2026 4 min de lectura

El Pedregal y el bosque: mil setecientos años sobre lava del Xitle

El bosque está asentado sobre el Pedregal de San Ángel, un sustrato basáltico que se formó cuando el volcán Xitle erupcionó entre los siglos III y IV de nuestra era. Sin la lava no habría bosque tal como lo conocemos.

El Pedregal y el bosque: mil setecientos años sobre lava del Xitle

Las erupciones del volcán Xitle ocurrieron aproximadamente entre los años 250 y 300 d.C., en el extremo sur del Valle de México. La lava cubrió cientos de kilómetros cuadrados al sur de lo que hoy es la zona metropolitana, sepultando asentamientos prehispánicos —entre ellos Cuicuilco— y dejando un sustrato basáltico irregular, rico en cavidades y de drenaje rápido. Sobre ese sustrato se desarrolló durante siglos el ecosistema conocido como Pedregal de San Ángel.

El Bosque de Tlalpan conserva una muestra de ese ecosistema en sus 253 hectáreas. La vegetación dominante combina dos comunidades vegetales contrastantes: el encinar —bosque de oyamel y encino que prospera en las zonas más sombreadas— y el matorral xerófilo, adaptado a las condiciones secas y al sustrato rocoso del pedregal. La coexistencia de ambos ecosistemas en una misma superficie es lo que da al bosque su valor ecológico singular.

El censo biológico vigente registra 206 especies vegetales, de las cuales 51 son árboles. La fauna incluye 141 especies de vertebrados y aproximadamente 83 especies de aves, de las cuales 41 son migratorias. Hay registros de más de mil especies de artrópodos y 60 de mariposas. La especie endémica más significativa es el cincuate (Pituophis deppei), una serpiente del centro de México cuya presencia confirma la continuidad histórica del ecosistema.

Que un fragmento del Pedregal sobreviva en pleno corazón de la zona metropolitana es resultado de tres factores combinados: la dificultad geológica del terreno —que retrasó su urbanización—, la reforestación impulsada por Alberto Lenz a principios del siglo XX, y la protección formal otorgada por el decreto federal de 1997. Sin cualquiera de los tres, el bosque difícilmente existiría hoy.

Reforestación 12 de abril, 2026 4 min de lectura

Alberto Lenz y el modelo de Loreto y Peña Pobre

Antes de ser parque, el bosque fue propiedad privada. Alberto Lenz, dueño de la primera planta de celulosa de América Latina, lo reforestó con un modelo que plantaba diez árboles por cada uno cosechado.

Alberto Lenz y el modelo de Loreto y Peña Pobre

Alberto Lenz era un inmigrante alemán que llegó a México en 1890. En 1905 adquirió la fábrica de papel Loreto, en San Ángel, y en 1924 la fusionó con la fábrica Peña Pobre para formar Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre, S.A. La planta resultante se convirtió en la primera planta de celulosa de América Latina, una distinción industrial que la mantuvo en operación durante seis décadas.

La fábrica necesitaba madera —celulosa— para producir papel, y Lenz tomó una decisión inusual para la época: en lugar de comprar madera de fuentes externas, reforestó tierras al sur de la Ciudad de México que él mismo poseía y administraba. Su modelo de manejo se basaba en una regla simple: por cada árbol cosechado para la fábrica, se plantaban diez. Las especies elegidas incluían mimosas, eucaliptos, pinos y cedros —algunas nativas, otras introducidas, todas seleccionadas por su capacidad de prosperar en el sustrato del pedregal.

El bosque que hoy conocemos es resultado directo de ese trabajo de décadas. Cuando el Departamento del Distrito Federal adquirió en 1968 las tierras que forman el núcleo original del actual Bosque de Tlalpan, el predio ya tenía una masa arbórea madura producto de la reforestación de Lenz. La fábrica de papel siguió operando hasta el 17 de marzo de 1987, fecha en que cerró sus puertas; el predio donde se ubicaba se recicló posteriormente como espacio cultural.

El bosque abrió al público en 1970 y operó inicialmente con un zoológico, que cerró en 1988. La declaración como Área Natural Protegida con rango de Parque Urbano se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 24 de octubre de 1997, formalizando un estatus que reconocía explícitamente el valor ecológico construido por Lenz y conservado por décadas de administración pública.

Uso 30 de marzo, 2026 3 min de lectura

Cinco circuitos y un millón trescientos mil corredores al año

El bosque recibe 1 320 000 visitantes al año. El 63.5% de ellos son corredores. Cinco circuitos —de 886 metros a 5 943 metros— estructuran el uso deportivo del parque.

Cinco circuitos y un millón trescientos mil corredores al año

El uso deportivo del Bosque de Tlalpan está organizado por una red de cinco circuitos principales que cubren distintas distancias y dificultades. El más corto es la pista de tezontle de 886 metros, frecuentemente utilizada por corredores de fondo en entrenamientos rápidos. El más largo es el circuito de montaña, de 5 943 metros, que sube y baja por las zonas más boscosas y rocosas del pedregal. Entre ambos hay tres circuitos intermedios que combinan secciones planas con tramos de pendiente moderada.

El parque opera todos los días de 5:00 a 17:00 horas. La entrada es gratuita y la administración —SEDEMA por el lado del gobierno de la Ciudad de México, junto con el Patronato Bosque de Tlalpan— mantiene la pista atlética, equipo de ejercicio al aire libre, áreas de juegos infantiles y un centro cultural que programa actividades educativas y eventos comunitarios.

El censo de visitantes del programa de manejo del Área Natural Protegida —publicado en la Gaceta Oficial del Distrito Federal el 20 de junio de 2011— estableció una cifra de 1 320 000 visitantes al año, con 63.5% identificados como corredores. La cifra coloca al Bosque de Tlalpan entre los espacios deportivos más utilizados de la Ciudad de México y refleja un patrón de uso peculiar: a diferencia de otros parques metropolitanos, donde la mayoría de los visitantes son paseantes, en Tlalpan predomina el uso atlético.

Hay también una población que va específicamente por la observación de aves —las 41 especies migratorias atraen aficionados durante las temporadas de paso— y por el ciclismo de montaña, aunque este último uso está regulado para proteger los senderos del pedregal. El parque combina así función deportiva, ecológica y educativa de manera densa, en una superficie comparativamente pequeña para los volúmenes que maneja.